18 mar. 2010

Sobre Campanella, por Fernando Toloza

Probablemente Juan José Campanella merezca el hecho masivamente común de que se hable de él y su Óscar. Por mi parte, quiero rescatar un texto que otra de sus películas, Luna de Avellaneda, suscitara en Fernando Toloza hace seis años atrás.

LA IMPORTANCIA DE UNA OPORTUNIDAD


La película “Luna de Avellaneda”, de ‘Juan José Campanella’, habla de algo vital: la importancia de contar con una oportunidad para hacer lo que se anhela. El director se animó en su filme, criticado por algunos con una extraña vehemencia, a plantear una discusión bajo el ropaje del costumbrismo y utilizó como cifra, entre otras, la historia de una chica que quiere hacer danza, una meta que por el contexto social de la pequeña (una villa) parece menos que imposible.

Campanella se toma su tiempo para contar el asunto. Más de dos horas. Pero lo hace bien, con el apoyo de un elenco donde vuelven a brillar Darín y su ya habitual compañero, el entrañable Eduardo Blanco. La crítica a la duración de la película es un nuevo lugar común de siempre, valga el oxímoron, que llega directamente del hábito de ver cine estadounidense. Ver “Luna de Avellaneda”, con chicos de unos diez años, es una experiencia notable para comprobar cómo Hollywood les ha educado el gusto. Primero en un sentido positivo que los lleva a preguntar qué va a pasar, una pregunta esencial para que el relato cinematográfico funcione. Y segundo, en un sentido negativo, porque sólo quieren lo evidente, rápido y con mucho despliegue, donde el efecto se devora la historia.

En ese contexto, el filme de Campanella es ejemplar para ver otro tipo de cine, no el llamado Nuevo Cine Argentino, que pelea por su lado otra batalla no menos importante, pero sí un séptimo arte que pueda ser hoy y mañana una referencia en la historia personal y familiar de cada espectador. Pero para que eso pase se necesita la oportunidad, esa misma de la que habla “Luna de Avellaneda”, de que las películas argentinas sean vistas. Y esa chance está hoy bloqueada por la avalancha de cine estadounidense y por algunas inoperancias locales de toda la vida.

Claro que bajo el séptimo arte criollo hay bodrios vergonzosos y realizadores vergonzantes, que creen que por haber hecho una película en un medio difícil se merecen una aceptación incondicional. Por eso “Luna de Avellaneda” es un filme importante, porque plantea, con talento, una discusión para asumir, sin dejar de ver el cine de todo el mundo, pero cuando el mundo signifique realmente todo el mundo.

Fernando Toloza (1966-2005), nota publicada en “Escenario”, Diario La Capital, 11 se junio de 2004. Recopilada en el libro de Ediciones Recovecos “Fernando Toloza, Imaginarios Comunes, Obra periodística”, 2009, Córdoba.
http://jorgedipre.blogspot.com/2010/03/sobre-campanella-por-fernando-toloza.html
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