27 dic. 2011

Jorge Santiago Perednik: algunos momentos, algunas palabras...

 Con Alumnos, 1993, Perednik;Yakoncick; Antares; Dipré y Álvarez
 Rodolfo Álvarez; el "Oso"; Antares; Dipré y Yakoncick, 1992, previo a la presentación de "Desfile de Monstruos, en Junín"
En El Rojas, presentando el libro "Desfile de Monstruos", 1993, junto a Rodolfo Álvarez; Jorge Dipré; Jorge Yakoncick y Alejandro Schmidt.

En Rosario, con  Rodolfo Álvarez; Rogelio Ramos Signes; Enrique Gallegos; Hugo Diz; Alberto José Millara y Eduardo D'anna.

Los siguientes poemas habían sido cedidos por Jorge para la edición digital Nº 11 de "La Luna de Tlön", que no alcanzó a circular por la red, los transcribo ahora, a modo de homenaje:

Sonlisas

Las sonrisas
cuando las personas no están
son lisas.
Hay algo chino en todo esto.
Algo miserioso.
Las obras
cuando las personas no están
son horas
van
a otro mundo
que es éste
pero no está aquí.
Esta no es mi obra ni mi hora.
Una institución ajena
funciona con el mismo nombre
en el mismo edificio.
Llamo al ascensor.
Veo tu sonrisa
ahora que no estás
tu lisura
mirando un edificio en obra.
Miro la hora
y veo algo chino en todo esto
algo miserioso.

Una señora tropieza

una señora tropieza sin caer de estar erguida
está allá y provoca un estruendo
toma agua de un vaso que no disminuye su nivel
entra en una gran fiesta de gente con perros
miau? alboroto!
su sombrero de mujer lo está usando un sacerdote
el sombrero o la mujer o el sacerdote
pronuncia un sermón sobre la santa coherencia
sus mayores ¡brócoli! no se lo permitirán repetir
un galán maduro con sus dos brazos izquierdos ab
raza y embaraza al muchachito que lo saluda
los perros conversan sostenidamente, nunca discuten
una mano sostiene el bocadito que come una boca ajena
ahora estornuda
la sexofonista no puede cruzar las piernas
los miembros de la orquesta se duermen a coro
sus ronquidos tocan el himno a la alegría
se rompen las mesas en tantas partes como el divisor respectivo
la reunión está en su máximo esplendor
que lo que ella experimentara allá como un viaje del acá
sea dicho para tranquilizar al orden
en el florero del olvido caerá una fiesta que ahora
es de palabras más impronunciable


El mar
 
Dos boyas, una blanca y una negra, flotando en el mar
El mal es lo que definen las reglas de equis
la pequeña catástrofe que hunde la boya
El sillón es rayado, rayas carmines sobre fondo blanco
no, rayas blancas sobre fondo carmín, no
Tres boyas, dos blancas y una negra, flotando en el mar
El mal inflota, transflota
las olas lo arrastran
¿es mojado, está mojado?
El que sabe lee los signos y actúa...
El que no sabe...
Llueve, algunos se cubren los ojos, otros...
Mi corazón es carmín como los sillones de
Tus sillones tienen rayas carmines como mi
Según la teoría de los tonos y las formas
dos boyas, una azul y una naranja, flotan sobre el mar
Al que sabe, los colores del mal le provocan risa
Reímos, vos y yo, sentados en tus sillones, de corazón
que llamemos sillones a esas maderas y telas
que nos sentemos porque son sillones
que hablemos de corazón
Saco mi corazón de su cárcel para probarte que existe
la prueba comunitaria se derrama
tu sonrisa otra vez hace presa de mi corazón
las boyas se vuelven barcos y dan la espalda
aparece la isla en el horizonte donde antes había lluvia:
su tierra pelada color carmín
las moscas en las piedras que no distinguimos
Tres boyas, una azul y dos naranjas, flotando en el mar
El mal es lo que evita, el que sabe, definir
Una piedrita plana puede caminar sobre el mar
o sobre el mal o hundirse, según cómo se tire
Entre el ojo y la isla, la persona y el agua
el libro y la idea está el mar
entre vos y yo está esto:
el radar o el horadar del sentido en la ocurrencia
el perfume o el hedor de la cultura, el olor de todo
la sonrisa amarilla, la sonrisa negra, la sonrisa marrón, la
un oleaje transparente, un corazón sillón, un
Versos escritos sentado, frente a una isla griega
veinticinco siglos después
en el lugar donde el maestro Critias
hablaba a sus discípulos sobre el Mar
o sobre el mal
mientras miraba
Dos boyas, una roja y una amarilla, flotando en el

Jorge Santiago Perednik, nació en Buenos Aires en 1952, acaba de fallecer. Escribió libros de poemas, ensayos y traducciones. Participó en las revistas XUL, Signo viejo y nuevo y Deriva de la literatura, entre otras muchas actividades.
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