1 ago. 2010

Jorge Alberdi: Sombras Chinas y otros poemas

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SOMBRAS CHINAS



Quisiera ser

luz elemental / que palpita

para amar las figuras que crea

o múltiplo del segundo

en que una cosa no es la otra

antes de que

finalmente

la mirada

la mate en la forma arbitraria

del código.



SOLO DE SOMBRAS


Todavía

el sueño lácteo

no retuerce la vigilia.


Abrir los ojos

los míos, los tuyos

en la madrugada

y volver a desmembrarnos

sin preguntar.

Un diálogo

solo de sombras, jugos y gemidos.



INSTANTE


En el ahogado despliegue del día

cuando ya los muertos han muerto

en la volatilidad de un sueño

donde por un inconmensurable lapso

describieron el agónico placer de ser y no,

miro a la distancia

tratando de que la vista sea otra en su amplitud,

o el giro de la brisa

me vuelva hacia atrás

me transforme

me dé las alas que la noche colgó

y me levante por sobre el cansancio

de años y estupidez.

En ese instante que no es la pérdida

pero la vida pasa en un segundo

y se va por la alcantarilla

con sordo ruido

los soles ciegan

la calle ensordece

la ciudad abisma.

Cuando la nada es el horizonte

de esa mirada casi desesperada

vuelvo la cabeza

y me encamino hacia otro lado.



LA CONFUSIÓN ES CLARÍSIMA


La miseria alegra la contemplación

El escudo agrieta el ser

La devolución afirma el alma

Las bestias sugieren un paraíso

El espanto arma envoltorios de regalo

La ciudad es de piedra

La claridad del día enaltece las estrellas

El camino sinuoso empieza en la mujer

Los desperdicios de la euforia corrompen el músculo

El espacio es deshabitado por el tiempo

La incertidumbre fija el precio más alto

Los esfuerzos se licuan en una presencia

La mirada no puede faltar

El rebote del odio salpica las ventanas

En el techo no hay nada

Y tal vez todos hayamos sido músicos

Las cosas tienen saco

La red es imprecisa como la vida

No hay mascotas de dioses

No hay tronos que ensangrentar

Los labios se editan

Y todo sigue con mínimas diferencias.



EL GESTO


Con estas manos

que horadaron tu vestido

y trazaron un estuario

en tu piel.

Con los dedos que supieron

escribir pero también humedecer

los labios para que el aire caliente y estremecido

alimentara una nube ínfima

y la piel se esparciera

sobre el ansia

o el sabor de la menta

de la mañana

de la noche

de las sobras

que dejabas

como un rastro precario

mientras

de a poco

me despedazabas

y el alma de los trenes

ascendía en humo

al cielo de los esfuerzos.

Con el estupor

cuando

te diste vuelta

y estas manos

en vano

el gesto de mariposa

muerta en el charco

dibujaron

aquel verano demasiado caluroso.



ESTA RUTINA


No tengo más

que una boca que rememora

que se ahoga en la baba del recuerdo

que boquea lasa en la nada

porque otra boca se ha llevado

esta saliva

esta sal que da vueltas

y espumea en el vacío.


No tengo más

que la ansiedad

que agrieta las puertas

demuele los ascensores

quiebra el olvido


No tengo más

que el acento sobre la á

y apenas

una entrepierna herida

de soledad

de zeppeliniana soledad

maldita

como la cocina de la locura

como un blues perdido

en el desierto de la esquina

untado de orines y escupitajos

de almendras que nadie

recolectará


No tengo más

que la rutina de sentirte

perdida eternamente en la piel

lo que no es poco.



DESTINO DE AMOR


Mi destino es volverme hacia el espejo

buscar no mi reflejo

sino el hueco

de tu cuerpo en la cama revuelta

la ropa en el piso

la puerta de calle entreabierta

papeles que se mueven apenas

cenizas

fragmentos de la simulación


Mi destino es volverme hacia el espejo

único lugar donde el deseo

al menos tiene el lugar de la ausencia.



APARICIONES
“La niebla venía a buscarnos,



aunque estaba desde siempre”

Rogelio Ramos Signes

Estábamos sentados a la mesa de aquel bar

doblados en miradas y guiños de atardecer

y desde el fondo del espejo

un omitido apareció.

En la memoria, un segundo

bastó para que el rumbo de las ausencias

divagara.

Nos preguntamos por la punta del iceberg

nos preguntamos por nuestra sólida presencia

hasta que la pregunta nos desvaneció.

Somos espectros, ilusiones

que tienen conciencia de sí, engañosa.

Necesitamos que alguien no esté, para ser.

Es terrible, pero quizá

aquellas sombras, siluetas, nombres que insisten

en ser lo que no son

pertenezcan a una vida más real

en otro lugar, otro espacio

gente, al fin, que relata historias de muerte

historias de haber sido, sobre padres madres o amantes

que gritan nombres contra las paredes

y que cada tanto

invaden este mundo inconsistente

como un efecto de realidad.

La tiza con la que escribo mi nombre

la traza de la desintegración que me hermana

que nos vuelve relato

cristal oscuro de ideas como armas

tiembla en cada evocación

y mientras un niño se esfuma

nos sentimos horriblemente vivos.

Hojas secas que se queman

para que el humo justifique alguna realidad aparente.

Este dolor que no tiene el consuelo de la certeza

retorna como una elipse que niega la continuidad.

Quizá de tantos ausentes

seamos nosotros fantasmas

como esa niebla que viene a buscarnos

aunque siempre haya estado aquí

en la mesa

donde la ventana de un diario

habla de aquellos de los que no sabemos

pero quisiéramos tenerlos

sentados junto a nosotros

jugando con las migas

sobre el mantel.


La tarde cae, definitivamente.

(setiembre 2009, a propósito de tantos López)


Jorge Alberdi, escritor itinerante nacido en Rosario en 1962, casi toda su obra se encuentra publicada en el Blog El Ventrílocuo > http://ventrlocuo.blogspot

http://jorgedipre.blogspot.com/2010/08/jorge-alberdi-sombras-chinas-y-otros.html
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