1 sep. 2006

MERODEA

‘Merodea’ terminó de encontrar su forma hace más de cinco años, por esa época yo iba y venía desde una enrarecida ciudad a sus bordes, vivía en ellos, y construía, como podía, un mundo a medida: había llegado la época de los grandes mandatos; eso parecía, y el de la tensión era uno. Lo mismo me ocurría con la Poesía: desde el centro hacia sus orillas, la dejaba, la arrojaba lejos, sin embargo, cuando ya me consideraba ajeno, de algún modo (un gesto; un hecho; una nueva mirada) se inmiscuía en mi vida.
Como muchos otros, seguramente, este libro se hizo de a pedazos.
No podía ser de otra manera; si uno vive de a pedazos. No digo hecho pedazos, no, me refiero a que uno oscila dentro de la fragmentariedad cotidiana como si fuese un elemento libre. Pedazos de experiencia, de amores, de olvidos y de entusiasmos.
No será, Merodea, muy diferente de lo que soy. Quizá un eco escrito de cosas que sucedieron y aún suceden. Algo indecible que como un gel me rodea. Entro y salgo de ese molde impreciso; quiero escapar, pero, como la mariposa, vuelvo a la lámpara. Y eso solo ya quiere decir mucho. Pero ¿qué?
Hubo una mirada que se pretendió objetiva, pero se dejó traicionar por la lírica. Esta es quizá la búsqueda de la primera parte: un intento deliberadamente perdido de absoluta objetividad, de pura contemplación. Vivir en el borde, y documentarlo.
La segunda, con escenarios vestidos de ciudad: imaginar, y encontrar en el camino esas historias, breves, fútiles, unas tejidas a otras como una trama que nos circunda sin abrigarnos, la propia historia de quien escribe o conjura.
Y no mucho más que esa aventura, ese juego, que volveré a llamar traición porque no hay un más allá o un más acá, de la Palabra, en ella siempre somos uno y todos, y el devenir.

Desde Septiembre en librerías de Buenos Aires, Rosario, Córdoba, La Pampa, Mar del Plata. Ediciones Recovecos, Córdoba, Argentina.
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