27 jun. 2006

Están los que siempre están

Está Oscar también, reacio a colgarse de los comentarios del blog, pero que igual se llega con su atadito de palabras luminosas, sus imágenes detonantes, como quien llega a la hora del mate con los biscochitos. ¿Qué mejor que hacerle un espacio?


EN LAS ORILLAS de tu vientre la luz que baja
El sol abierto los grandes árboles girando
En tu mirada que llega desde los sueños desde la lluvia en las montañas
Hay un fuego para la noche un mar para las piedras un
horizonte para los pájaros
La música envuelta en hojas de palma llega
Los felinos salen de caza el ritual del relámpago
se prepara
Un niño descubre en las paredes de esta casa
la fuente de todas las palabras
El tesoro está adentro en el corazón del naufragio
Atravesando la hoguera
En el umbral del milagro las sombras sedientas alzan los puñales
Caen los puñales la vida por fin se suelta
Caen los perros de presa en tu presencia inexplicable
Inexplicable –yo no hice nada-
La dulce ronda de un niño en el pecho
Corren desnudas por el bosque las imágenes
Se libra el dolor de la bruma y de la niebla
La comunidad primitiva celebra la caída de los templos
Y bailan.

Oscar Pablo Baldomá
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