25 ago. 2005

LAS VOCES DE DIPRE Y TUNTISI, DESDE LOS ´80

Imposible referirse a Jorge Dipré y Leandro Tuntisi, sin hacer un amarre en lo que fueron dos episodios trascendentes de la década del `80 en nuestra ciudad. Hablo de la creación de LUZ, movimiento pro arte y cultura, y de la revista Expresión, que tuve el honor de dirigir durante 8 números hoy casi incunables. Los caprichos de la literatura y los vericuetos del tiempo nos juntaron acá, pero hay que remontarse a épocas pasadas, momento en que los conocí después de que me criticaron varias veces, sobre todo en Transparencia (tal vez ellos después cuenten algo). LUZ fue un movimiento gestado en los finales de la dictadura, hecho tan a contrapelo de la cultura oficial, que una vez que se restauró la democracia ya tuvo muchas menos razones para existir, y tal vez allí habría que buscar los motivos de su desaparición.
Nos habíamos unido para defender, difundir y promover la actividad artística y cultural descartando beneficios sectarios y/o personales; intercambiar conocimientos de las distintas disciplinas, integrar las diferentes manifestaciones en base al mutuo apoyo y a la solidaridad, y sobre todo, fomentar y defender la libre expresión rechazando toda forma de censura, si bien, meses después ampliamos nuestra declaración de principios, con el propósito de reafirmar y precisar las pautas que fundamentaban nuestra existencia.
LUZ fue el germen de una cantidad enorme de movimientos, entre otros –y nada menos- de la misma comunidad de jóvenes que tiempo después fue la comisión directiva de esta misma biblioteca, aquella “Biblio” que hizo historia en la cultura y el deporte de la ciudad.
En lo que hace a “Expresión”, nació a finales del ´82, y murió en junio del `84, atravesando buena parte del inicio de la democracia, y alojando en sus páginas a un buen número de personas que después se convirtieron en baluartes de la cultura local. Elsa Pfleiderer; Oscar Baldomá; Daniel Long; Pablo Sevilla; Rafael Oliver; Fernando Pirchio; Fernando Peirone; Raul Nepote; Marcelo Ajubita; Mirley Avalis; María Rosa Vila; Viviana O´Connell; Boris Padován; Adriana Baudracco; Abel Pistritto; Domingo Sayago; Nora Pfleiderer; Cristina Rosolio; un tal Sergio Monde; un tal Billy Budd, algunos que seguramente me olvidé, y otros varios más, entre ellos el rosarino Reynaldo Sietecase, fueron quienes le dieron vida a esas páginas, en las que Jorge y Leandro eran secretarios de redacción. Justo en el número inicial, en una nota titulada “No quiero volverme sombra, quiero ser luz y quedarme”, se reflejó todo lo que había ocurrido en aquel inolvidable 26 de septiembre de 1982.
Las tapas de Expresión fueron obra de artistas plásticos locales, como Angélica Rochón; Majú Bonadeo; Roberto Alfaro; Roberto Capdevila; Oliver Rock; Mina Boyle y ¡los mismos Dipré y Tuntisi!
Hoy, cuando uno recorre esas páginas, se encuentra con entrañables comentarios, con artículos demasiado avanzados para la época que se vivía, y con editoriales plagados de buena voluntad e intenciones casi mesiánicas, si tenemos en cuenta el contexto en que se desarrollaban.
Decíamos que la cultura es la medida exacta de la libertad, teniendo bien claro que la cultura no tiene por qué ser solemne ni aburrida. En agosto del ´83 nos alegrábamos por la aparición de CENIZAS, el primer hijo de Expresión. Un libro con poemas y narraciones cortas de varios de los que hacíamos la revista, entre los que estaban precisamente Dipré y Tuntisi. Meses después, con la llegada de la democracia, sosteníamos que nos sobraban pureza y energía, como había dicho Ortega y Gasset en una frase provocadora. Y nos íbamos por ejemplo a la Capital, para entrevistar a Adolfo Pérez Esquivel, cuando nadie lo entrevistaba.
Más adelante, como afirmaba Thomas Merton, explicábamos que nos uníamos para defender nuestra inocencia. Aunque revelábamos que en EXPRESION no todos pensaban igual, pero que a lo alternativo también le había llegado la democracia. Y exclamábamos: “La cultura no puede ser hecha si no estamos todos”
En ese marco, dentro de ese clima, Dipré escribía sobre la dicotomía Boedo – Florida, y Tuntisi producía en un artículo aproximaciones a la estética del arte pop. Juntos hacían una nota, en noviembre del 83, sobre los medios de comunicación y lo terrible del futuro en lo que hace a una sociedad que no sufra cambios en cuanto a la manera en que se deben percibir los mensajes.
No existía el Corel, el diseño era absolutamente artesanal, y no se podía pensar ni en los blogs, ni en Facebook, y mucho menos se podía saber que años después uno podría “twitear”. Nuestra manera de movilizarnos era a tracción de nuestra propia sangre, y los sueños que cabalgábamos fueron el sustento de este presente.
Si hoy tuviésemos que resumir lo que significan Jorge Dipré y Leandro Tuntisi en el plano literario local, y lo que seguramente los anima en la lucha cotidiana con la palabra, deberíamos remitirnos a recientes palabras de Juan Gelman, quien dijo: “Lo que queda es la misma necesidad de la escritura de poesía y una confianza, si usted quiere un poco lastimada, de que algún días las cosas van a mejorar. Estos son tiempos realmente oscuros, hay momentos así en la historia de la humanidad. Luego siempre algo surge tendiente a cambiar las cosas”.
Gelman, quien también definió a la poesía como “un acto de resistencia frente al envilecimiento de los tiempos”, sin quererlo también definió de cuerpo entero a nuestros escritores de hoy. Sentenció: “Uno piensa que a pesar de todas las catástrofes habidas y por haber, nada ha interrumpido a la creación”.
Y en eso andan Jorge Dipré y Leandro Tuntisi, que no han tenido catástrofes, tal vez algunos dolores, pero andan con indómita obstinación, como reclamaba Miguel Grinberg, sin que nada les interrumpa la creación, pensando quijotescamente que las cosas van a mejorar.

Juan Carlos Rodríguez
Agosto del 2009, Venado Tuerto
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