8 sep. 2010

SEIS BALAS

Soñé que me compraba un revolver.

Vendí los zapatos de mis hijos
viejos juguetes
una caja de libros que compramos con Alejandra
con el dinero que nos regalaron cuando nos casamos
algunas otras chucherías
y con eso fui y compré un revolver usado.
Elegí uno con el que habían matado primero a una adúltera
y luego a un policía que intentó robar una panadería.
Pasión y delito, me dije, saqué la bolsa con los billetes y las monedas
y me llevé el fierro guardado cerca del corazón.
Tenía muy claro para qué lo quería
pero desperté de golpe.
La persiana había quedado entreabierta
y un rayo de luz cruzaba la habitación
para darme de lleno en la cara.
A mi lado dormía aún ella
y desde la calle llegaban los ruidos de un día a medio hacer.
Recordé el revolver
y me pregunté para qué lo querría.
No me gusta cazar, no he matado ni a un pájaro en toda mi vida
mis odios no son tenaces
sin embargo, la vigilia súbita, plegada aún al sueño
me llegaba con una calidez, una sensación de completitud
que me sobrecogió.
En la mesa de luz se apilaban los libros
que entregaban sus historias de a tramos.
Repasé cada carátula sentado en la cama
antes de levantarme y meterme en el baño.
El espejo devolvió el rostro de un hombre de
casi cincuenta años, desnudo, con la barba desprolija
demasiados pelos en el cuerpo
los ojos aún hinchados, algo excedido de peso
con ilusiones masticadas como chicle
y aliento a perro.
Trago amargo a esta hora del domingo
cuando el cepillo de dientes te reclama el abandono
y la cabeza no logra decirle al cuerpo que otro día
que otro día
mientras, en la mesa de luz,
en el cajoncito, junto a las medias y un viejo reloj
duermen seis balas
para ningún revolver.

Jorge Dipré, de "en Primera Persona", inédito, 2010
http://jorgedipre.blogspot.com/2010/09/seis-balas.html
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